sábado, 3 de mayo de 2014

3 de Mayor: Día Internacional de la Libertad de Prensa

Otra de esas fechas en las que deberíamos celebrar que se ha logrado plenamente lo que se celebra y no que cada vez está más lejos conseguirlo. 

Lo cierto es que los datos demuestran que vamos a peor, que la Libertad de Prensa, como casi todas las libertades que afectan a los ciudadanos, ha ido a menos en los últimos años. España sigue cayendo en la lista de los que países con mayor libertad de expresión, de los 14 puntos que alcanzamos en  1993 (nuestra mejor nota) a los 28 de este año.

Desde luego, las ruedas de prensa desde un plasma o en las que no se permiten preguntas o se permite un número limitado de preguntas y solo a algunos medios; los despidos de periodistas y directivos por motivos políticos (siempre presuntamente, claro), el que los medios estén todos en manos de los mismos, el que se haya convertido en realmente precario el trabajo de muchos profesionales no ayuda mucho.

Llevo mucho tiempo diciendo lo mismo: si el pueblo tiene el poder de cambiar las cosas y no lo hace, el caso de la prensa no es distinto: salvo honrosas excepciones, los periodistas se autocensuran, se someten voluntariamente al poder, manipulan sutil o no tan sutilmente las informaciones para satisfacer a los Amos, ocultan noticias.... y, fundamentalmente, han olvidado que son el CUARTO PODER, que son pieza clave en cualquier democracia y si cumplen con su obligación, solo eso, no que sean super-héroes, favorecerían mucho que las cosas mejoraran.

Si los periodistas hacen su trabajo difundiendo la información de lo que ocurre de forma verídica, contrastada, objetiva y libre, el pueblo estará informado y podrá despertar y eso hará que los políticos se piensen muy mucho qué políticas o qué leyes se van a saltar impunemente. Si los periodistas se atreven a preguntar y a insistir en cuestiones realmente espinosas, si investigan y difunden si no dejan que los políticos les chuleen (recuérdese a la prensa dejando plantada a la ministra Mato en Nueva York, creo que fue), estos empezarán a sentir que están controlados, que el pueblo, del que los periodistas no son más que intermediarios, les observa.

Un país sin prensa libre, por obligación o por decisión propia, no es un país democrático ni lo será nunca.

Es otra de nuestras asignaturas pendientes y no la menos importante que, además, no es solo cosa de los periodistas sino de toda la sociedad aunque, claro, qué podemos esperar de un país que se preocupa más por lo que dice Tomás Roncero que por hacer justicia en la muerte de José Couso




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